Disconnect, una película que refleja los nuevos problemas derivados de esta nueva era en la que la humanidad se ha sumergido desde la aparición de Internet. Actos en un mundo intangible cuyos resultados afectan al mundo tangible.
El acoso escolar, actualmente conocido como bullying, siempre ha existido de un modo u otro. Las personas tendemos a desconfiar de todo aquello que se sale de los patrones establecidos en nuestra sociedad y ya en nuestro primer lugar de socialización, la escuela, aquellas conductas o personas que no encajan en lo definido han sido siempre vistas con recelo y por tanto rechazadas por pura incomprensión.
Pero con la aparición de internet y el acoso cibérnetico, el bullying ha adquirido unas dimensiones absolutamente trágicas. Se cálcula que en el año 2012 se quitaron la vida alrededor de 600.000 niños y jóvenes, la mitad de ellos debido al acoso que sufrieron.
En Disconnect vemos de primera mano como se vive este fenómeno, cuales son sus consecuencias, de que forma afecta a la persona que lo sufre, a las personas que le rodean e incluso al propio acosador que en muchos casos ni siquiera es consciente de sus actos, así como otros peligros que esconde esta nueva era tecnológica. Sin duda, es una película que debería ser proyectada en todos los institutos.
Os recomiendo a todos que leáis este artículo.
Y por último aquí podemos ver a la siempre grande Madonna hablando del bullying en el programa The Ellen Show ya en el año 2010.
Las reflexiones de esta mujer merecen llegar a todos los oídos posibles, y nos invita a que recapacitemos y asumamos la responsabilidad que como sociedad adulta nos corresponde. Pues somos nosotros, influenciados por los medios de comunicación con programas tan absurdos como los del corazón, potenciados estos ahora en Internet con blogs, Twitter, Facebook y demás sucedáneos donde todo el mundo puede opinar, en los que se juzga sin descanso a cualquier persona que haya adquirido cierta popularidad, los primeros que postergamos estos valores a nuestros niños dándose por asumido que todos tenemos el derecho a juzgar y opinar sobre otra persona.
Nada más lejos de la realidad, nuestra libertad termina donde empieza la libertad de los demás. Y como bien me repetía mi madre cada día de mi vida, no hagamos a los demás lo que no queremos que nos hagan.
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