Nos encontramos en un momento histórico en el que realmente podemos enfrentarnos a un verdadero cambio en los principios básicos de la educación.
Hasta ahora hemos visto el carácter claramente propedéutico y selectivo que ha entendido la enseñanza como un recorrido de superación de etapas sucesivas mediatizadas cada una de ellas por las demandas de la etapa superior.
Esta dinámica educativa, siempre selectiva puesto que va dejando a su paso un buen número de etiquetados como “fracasados”, determina que los contenidos prioritarios de la enseñanza son aquellos necesarios para simplemente superar las pruebas de acceso a la universidad.
Esta situación nos sitúa ante una falsa disyuntiva entre teoría y práctica, ya que los conocimientos enseñados no tienen otra finalidad que superar determinadas pruebas y no tienen en cuenta las habilidades para el desarrollo tanto de la vida como del mundo laboral. Así vemos como el modelo actual genera unas estrategias de aprendizaje dirigidas fundamentalmente a la memorización a corto plazo, puesto que el alumno se ejercita en memorizar el temario para aprobar dichas pruebas y no para poder aplicar aquello aprendido en las distintas situaciones que la vida profesional le va a deparar.
Básicamente han sido dos los puntos que han dado lugar a que nos replanteemos como sociedad cuales son las finalidades de la educación.
- En primer lugar la constatación de la incapacidad de buena parte de la ciudadanía escolarizada para saber utilizar los conocimientos que teóricamente poseen en situaciones o problemas reales, ya sean cotidianos o profesionales.
- Y en segundo lugar, el hecho de que al enseñar las competencias necesarias solo a aquellos que desarrollen su futuro en un contexto universitario, todos los que optan por otras alternativas, como la incorporación al mercado laboral o la formación laboral, la mayoría de las competencias aprendidas no le serán útil, y lo que es peor, no habrán adquirido las necesarias para poder desarrollarse correctamente en estos ámbitos.
Esto, es inaceptable para las sociedades que se consideran democráticas, ya que la enseñanza debe ser para todos y no solo para aquellos que logren alcanzar la universidad.
Este nuevo pensamiento colectivo, ha sido posible a la universalización de la enseñanza en los países desarrollados y en vías de desarrollo y la extensión de un pensamiento democrático que ha evidenciado la debilidad de un sistema escolar pensado para una minoría selecta, aflorando de forma incontrastable la incoherencia de una sociedad que se pretende democrática.
Al mismo tiempo la dinámica de globalización económica, está poniendo en evidencia la necesidad de los países de contar con una población en la que no solo una minoría este muy formada, si no que todos sus ciudadanos estén suficientemente preparados para ejercer de forma eficiente su profesión en sus distintos niveles, e intervenir en la sociedad con criterios y valores que permitan que ésta funcione.
Ante la necesidad de superar esta enseñanza, basada en el aprendizaje memorístico de conocimientos y la ineficiencia para aplicarlos en la vida real, surge el término de “competencias”, término que surge en los setenta en el ámbito empresarial para designar aquello que caracteriza a una persona capaz de realizar una tarea concreta de forma eficiente. Entendemos competencia, como una forma de entender que el saber debe ser aplicable; que el conocimiento cobra sentido cuando el que lo posee es capaz de utilizarlo. No como hasta ahora donde la escuela ha promovido una formación para ser competentes en algo que una buena parte de la población nunca va necesitar.
Se trata por tanto, de formar en todas las capacidades del ser humano con el fin de poder dar respuesta a los problemas que la vida depara. Esta es, la finalidad primordial de la escuela. Formación integral de la persona como función básica en lugar de la función propedéutica. Una enseñanza que no esté basada en la selección de los “mejores”, si no que cumpla una función orientadora que facilite a cada uno de los alumnos y alumnas los medios para que puedan desarrollarse según sus posibilidades en todos los órdenes de la vida. Es decir, una escuela que forme en todas aquellas competencias imprescindibles para el desarrollo personal, interpersonal, social y profesional. Como dijo Montaigne: formar cabezas bien hechas, no cabezas bien llenas.
LA ESCUELA PÚBLICA
De forma explícita se encomienda a los poderes públicos que promueven las acciones correspondientes para garantizar la educación de los ciudadanos y ciudadanas en todas sus capacidades, enfatizando especialmente en aquellas relacionadas con valores y principios éticos considerados como fundamentales.
La obligación de los poderes públicos es establecer un sistema educativo que permita garantizar el pleno desarrollo de la personalidad de sus habitantes a partir de una regularización de las distintas instancias educativas.
Veamos pues, cuales son las tres funciones básicas que debe desempeñar la escuela obligatoria para nuestra sociedad.
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En primer lugar, es la de acogida y custodia. Deben ser lugares seguros y entornos protegidos mientras sus padres atienden obligaciones laborales, y además, teniendo en cuenta las horas que se necesitan estar fuera de casa para realizar estas labores, los centros escolares deben dar un servicio durante cuantas más horas posibles. Ofreciendo un lugar donde los niños y niñas puedan relacionarse entre sí, realizando actividades que contribuyan a su desarrollo persona bajo la protección, vigilancia y la orientación de unos adultos conscientes de su papel social, y no estando en casa frente a la única compañía del televisor.
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La escuela es la encargada de transmitir los valores y normas tendentes a favorecer la socialización y el crecimiento personal de la generación nueva. Valores que emanan de la filosofía de los Derechos Humanos y del ideal democrático por el que se rige nuestra sociedad. Por tanto, el centro escolar debe estar organizado democráticamente para dar ejemplo vivo de dichos valores.
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Es a la escuela a la que compete la impartición de enseñanzas instrumentales socialmente validadas: lectoescritura, matemáticas, idiomas….
Un centro educativo moderno y actual, que quiera adaptarse a los tiempos que corren y estar a la altura de lo que se exige de él, ha de ponderar las tres funciones y desarrollar su actividad armonizándolas dedicándole tiempo y atención a las tres. Y es, de la buena armonía del desarrollo de estas tres funciones, donde se confiere al profesorado un papel social y significativo.
Ante la realidad en la que nos desenvolvemos, donde ya no imprescindible el conocimiento académico, ¿cuál es entonces la función del profesorado?
LA FUNCIÓN DEL PROFESORADO.
Lo primero que hay que hacer es devolver la pasión por la enseñanza a los profesores y sobretodo el placer del aprendizaje a los alumnos. Estos deben poder expresar lo que esperan del mundo y es la educación la que los debe ayudar a encontrar su lugar en la sociedad.
Como hemos visto la educación se convierte en un vehículo de capacitación y no en un vehículo de opresión. Hay que centrarse en las competencias nuevas que se necesitan para encontrar un trabajo en la realidad que vivimos del siglo XXI como el liderazgo, la creatividad y la gestión emocional, ya que la empatía se nos presenta como imprescindible para gestionar una clase a día de hoy. Vivimos en un mundo nuevo que necesita de imaginación, y una nueva mentalidad que potencie la habilidad de trabajar juntos, no solo a nivel local si no global.
El acceso a internet a cambiado todo, y muy rápido, generando un nuevo tipo de conocimiento. No se trata de gestionar datos (a lo hacen las maquinas) si no de dar forma a un pensamiento creativo basado en la combinación de diferentes perspectivas o aproximaciones a un mismo tema.
No hay que recitar contenidos que están expuestos en cualquier sitio de internet. Hay que preguntar a los alumnos algo que tengan conexión con el mundo real, y que a partir del descubrimiento que se haga, con la guía del profesorado y compañeros, descubrir lo que necesitan para responder a dicha pregunta.
No es lo que haces por ello. Es lo que les enseñas a hacer por ellos mismos.
Surgen de este modo las llamas Aulas Inteligentes, en la que los alumnos piensan de forma global, sin separar el conocimiento según asignaturas, a la vez que desarrollan la capacidad para analizar el mundo de una forma original, única y critica con las ideas establecidas. Como en la vida real, el conocimiento esta todo interrelacionado, y es a raíz de reflexionar como se llega al autoconocimiento.
La idea principal es que cada alumno se sienta participe de la sociedad. Responsable de su entorno que sepa que puede, y debe, tener un papel activo a la hora de mejorar aquello con lo que no está de acuerdo. Los ciudadanos y ciudadanas del futuro deben tener ganas de vivir en un mundo mejor.
Hasta ahora el sistema se ha diseñado para que todos los niños consiguieran los mimos objetivos académicos durante su trayectoria escolar. Como consecuencia hemos olvidado que lo buena de la educación está en la experiencia; en el momento.; en la alegría de descubrir algo. Dando como resultado profesores y niños frustrados por culpa de las presiones y las obsesiones por los resultados haciendo que miles de niños y niñas abandonaron los estudios al perder la pasión por aprender. En la educación lo que importa no es la meta, si no lo que se hace en el camino.
DISFRUTAR APRENDIENDO. LA PASIÓN
Las escuelas del futuro emplearán la tecnología como herramienta para agilizar los procesos de aprendizaje y conectarlos de forma activa a las emociones que sienten los niños cuando juegan, disfrutan y aprenden.
El sistema esta tan organizado, tan reglamentado y tan centrado en los resultados específicos que la pasión se pierde por la presión. Esto provoca que la pasión no se le transmita a los niños y revierta en su experiencia de aprendizaje.
Vemos como el aprendizaje de la inteligencia social y emocional están fuera del escenario educativo, cuando debería de ser totalmente al contrario, y es que cuando aprendemos a gestionar nuestras propias emociones, cuando puedes autorregularte, auto controlar tus emociones, conocerlas y ser conscientes de ellas, esto te permite estar más receptivo, tener más capacidad de atención para aprender y es una buena estrategia para afrontar no solo la parte académica, si no los retos de la propia vida.
Por tanto, la nueva educación debe estar basada en enseñar a alumnos y alumnas a descubrir sus propias emociones y a gestionarlas. Nuevas habilidades que se necesitan ahora para integrarse en los nuevos entornos y que nada tienen que ver con las competencias que exigían el modelo industrial.
Habilidades de pensamiento crítico, empatía, creatividad e innovación se vuelven imprescindibles dentro del aula del presente y del futuro.
Referencias:
Zabala, A., i Arnau, L. (2007). "Idea clave 1. El término "competencia" nace como respuesta a las limitaciones de la enseñanza tradicional." 11 ideas clave: como aprender y enseñar competencias. (pp. 19-30). Barcelona, Espanya: Graó.
Zabala, A., i Arnau, L. (2007). "Idea clave 4. Los fines de la educación en competencias son el pleno desarrollo de la persona." 11 ideas clave: como aprender y enseñar competencias. (pp. 65-86). Barcelona, Espanya: Graó.
Alcalá, M. "La triple función social de la escuela obligatoria".
Ignacio, L. (Productor). (2010). "Redes nº77: Crear hoy las escuelas de mañana". [TV2]. Recuperat de: https://youtu.be/CWcC9LszSzU