Al envejecer ya no somos necesarios, somos apartados, escondidos en un lugar donde no podamos ser vistos, y terminar así nuestros días solos y abandonados por un sistema que a base de drogarnos con medicamentos legales nos arrebata nuestra alma, nuestra independencia y lo más importante, nuestra dignidad.
Alive Inside es un precioso documental que pone de manifiesto la denigrante situación a la que son sometidos nuestros mayores, muchos de ellos con demencia senil o alzheimer y sin nadie que les de cariño, y de como el poder que tiene la música les devuelve la alegría y la consciencia de lo que un día fueron.
El documental toca dos temas que creo que son esenciales para nuestro desarrollo individual y colectivo como sociedad.
En primer lugar la vida humana no se termina cuando llegamos a ser adultos. La vida continua hasta que envejecemos y morimos, por lo que creo que es necesario un cambio de mentalidad y un nuevo rumbo en nuestra cultura fortaleciendo las relaciones entre todas las franjas de edad que convivimos y compartimos el mismo espacio tiempo. Una buena forma de empezar este proceso creo que es iniciar un contacto entre niños y ancianos, por lo que me visualizo, el día que llegue a ser maestro, haciendo visitas a las residencias y así poder aprender unos de otros.
Pues al fin y al cabo todos fuimos niños y todos seremos ancianos. Nacemos, y aunque no la queramos ver y la apartemos de nuestra vida, la muerte está en cualquier lado, y antes o después nos visitará. Y moriremos. Ciao Ciao!
Y en segundo lugar: la música. Siempre me ha fascinado la forma en que me afecta y las emociones que despierta en mi. De hecho, ese el principal motivo por el cual me vine a vivir a Ibiza.
Cuando bailo, junto a miles de personas al mismo ritmo, me siento libre. Es inexplicable. Es como si en ese momento el tiempo se detuviera y toda mi existencia cobrara sentido, no hay otro momento que me haga sentir mas vivo, me hace conectar conmigo y el universo pone ante mí todas las respuestas para que simplemente las abrace y fluya con ellas. Es la máxima expresión de la palabra plenitud.
No solo me ocurre a mi. El ritmo, la pasión por la música es algo innato en todos nosotros. Tan solo hay que ver como reaccionan los ancianos de este documental cuando escuchan música y su identidad les es devuelta.
Por ello, creo que la música debe ser un punto esencial cuando hablamos de educación, y no me refiero a aprender a tocar la flauta, sino a aprender a sentirla, dejarla que recorra nuestro interior y que conecte con nuestra alma para así ayudar a encontrarnos en el abismo en el que se encuentra la humanidad inmersa.
Tal vez así, al sumar niños, educación, música y ancianos tengamos como resultado un nuevo mundo en el que seamos respetados y amados hasta que iniciemos el siguiente paso en nuestra existencia.
De momento coger un par de paquetes de pañuelos, y no os perdáis este gran documental.
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