jueves, 10 de diciembre de 2015

Un poquito de Ivan Ilich

Uno de los autores que hemos visto en la asignatura de Pensaments ha sido Ivan Illich y debo decir que me ha encantado. Ello me ha llevado ha pensar en que me gustaría que la universidad fuera un lugar en el que se pensara más y se hablara más de lo que a mi me interesa, del ser humano; la sociedad; la realidad en la que vivimos; y que pensáramos todos juntos estrategias y acciones para desarrollar. Que nos permitiera adentrarnos en el estudio sin otro objetivo que el mero hecho de conocer y descubrir quiénes somos. Sin embargo, la presión de los exámenes lo impide pues supongo que al fin y al cabo, como dice Illich, se basa en la obtención de un título que te permita desarrollar una profesión.
En fin, me ha gustado muchísimo Illich. Es reconfortable ver que hay miles de personas ahí fuera que tienen una misma visión  de la realidad que uno mismo.
Otro autor que sin duda pasa a mi lista de futuras lecturas cuando haya finalizado la universidad. Ahora, tengo exámenes que aprobar.

Ahora voy a exponer un pequeño comentario sobre Illich fusionándolo con mi propio pensamiento. Lo que yo denomino un polvo mental. Un orgasmo cuántico. Porque si la mecánica cuántica es cierta yo soy Illich también, y Illich es yo.


Como es sabido, en la escuela solo se aprenden aquellos conocimientos que el profesor dice que te tienes que aprender. Con el tiempo, estos conocimientos serán la llave que te permita entrar al mercado laboral.
En los años sesenta Iván Illich hizo una crítica a la institucionalización  de la sociedad y también a la de la escuela, la cual perjudica su papel social.
La escuela está integrada en una sociedad, que está integrada en una ciudad, en un país que esta en un continente, integrado en un mundo cada vez más interconectado.
En la escuela institucionalizada el maestro está considerado como la única verdad y se coarta cualquier opción de pensamiento libre o la aparición de nuevos conocimientos monopolizando así, no solo el conocimiento, si no también el propio aprendizaje. (Por eso la importancia actual de la competencia aprender a aprender que nos da las herramientas para ser nosotros mismos los que aprendamos siendo conscientes de que lo hacemos, de como y cuando lo hacemos).

La burocracia de la escuela limita la libertad de pensamiento, por lo que Illich criticaba a las instituciones y abogó por una desescolarización de la sociedad.
Illich opina que la escuela no es mas que una herramienta para mantener la estructura jerárquica en la que se sustenta la sociedad y la desigualdad que ésta provoca.
Para Illich el conocimiento no debe estar monopolizado por ninguna institución si no que debe ser compartido entre todos de forma democrática y libre. Eso sin tener en cuenta los millones de gastos que supone para el contribuyente el mantenimiento de esta escuela defectuosa que no sirve para su propósito.

Illich opina que ningún certificado o diploma puede capacitar una profesión, si no que lo hace el propio interés y el conocimiento adquirido a través de su familia, su comunidad y otros profesionales creando de este modo una red de aprendizaje.

El filósofo recibió muchas criticas por su pensamiento tan radical, pero paradógicamente esa es más o menos la situación en la que nos encontramos en la actualidad. La aparición del televisor y sobre todo de internet han posibilitado la creación de esas redes en las que compartimos todo tipo de información de forma libre y democrática sin la ayuda de ningún profesor y con el propósito de aprender aquello que nos interese para resolver los problemas que nos plantea la vida misma.

Probablemente la desescolarización no sea la solución a los problemas, pero si una sociedad en la que la escuela nos capacite para poder desarrollarnos satisfactoriamente en un futuro tan incierto como el que se nos avecina. Y puede que, efectivamente, educar en competencias básicas sea una opción tan válida como otras que estén por venir, y de las que humildemente espero algún día ser partícipe.

Eso sí, debemos reclamar nuestro derecho a formar la sociedad que nosotros queramos y no la que los políticos, la nobleza del siglo XXI, quiere. Y ser nosotros los que decidamos cuál es el sistema educativo que queremos.

De lo que no hay duda es que la escuela, no puede dejar de ser la semilla de la revolución.

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